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Matilde

A menudo pienso en Matilde, personaje de la película “El esposo de la peluquera”. En mi mente reconstruyo la imagen de su atracción fatal hacia el río. Porque no sé si es tal y como recuerdo aquella escena. Cuando Matilde se ahogó ¿Qué fue lo que se llevó? ¿Su entumecida muerte? ¿O el perfecto amor de Antoine?

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Auto sabotaje

Creo que ya es momento de escribir. Dejar el trazo libre del lápiz. Castigarlo, acabar con él. Soltar “las perras negras “ que ladren, que lo muerdan, que lo astillen.

Siento que duermo con una bomba de tiempo al lado. Tal vez soy eso, un cuerpo roto que porta el arma terrorista. Auto sabotaje.

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Ceroba directora… primero docente

Soy directora… y me estoy dando ánimos para contar mi historia ya que han sido once meses de grandes aprendizajes, en realidad más. Esto es lo que quiero hacer, escribir como catarsis, expulsar este malestar y preocupación que traigo desde las seis de la mañana. Me titulé en el 2007 como licenciada en educación primaria,  normalista antagónica. Ingresé al servicio docente en el año 2008, trabajé casi diez años en primarias multigrado en comunidades rurales. Fue debido a la organización de multigrado que en algún momento me comisionaron la dirección de la escuela primaria Veracruz, ubicada en un hermoso paisaje bajo el imponente Citlaltépetl. Aprender a realizar la documentación no fue difícil, afortunadamente ya tenía conocimientos básicos de computación, además que se trataba de escuelas pequeñas que no rebasaban los 80 alumnos. Sin embargo, en el séptimo año de servicio al tener la comisión de la dirección de una escuela de organización tetradocente (éramos cuatro docentes frente a grupo) me enfrenté a una situación complicada. Tuve por compañero a una persona que poco a poco fue mostrando su debilidad por las faltas a laborar. Siempre era por un mensaje de texto, el señor avisaba que no podría asistir a trabajar por encontrarse indispuesto… Hasta la indicación dio de despachar a su grupo. Ciertamente mi ego, aunque pequeño pero tengo, también se sintió indispuesto a tolerar estas situaciones a esas horas de la mañana si haber tomado café. Era increíble lo que se platicaba de él en el pueblo, situaciones hasta risibles en las que el propio maestro era objeto de burlas de sus alumnos o razones de peso como para regresar al propio profe a cursar la primaria nuevamente para que aprendiera a dividir. Todo esto llegaba a mis oídos con tono de queja, molestia, risa y resignación.

Docente inexperta, con ganas de hacer un cambio pero llena de ignorancia al no saber cómo actuar o qué hacer para silenciar esas voces de padres de familia pidiendo que hiciera que el maestro trabajara mejor. A veces me sentía incómoda, yo, una mujer de veintitantos con menos de la década de servicio, orientando y enseñándole cómo ejercer su profesión a un docente con más años de “experiencia”. En algún momento llegué a desesperar y a pasarla mal por lo que estaba ocurriendo (más por lo que NO estaba ocurriendo) pues el desempeño laboral de mi compañero fue reportado varias veces a la supervisión escolar, en donde se dialogaba con el profe para pedirle “que si por favor podía hacer su trabajo por el que le estaban pagando”. Claro, poco se conseguía puesto que el docente seguía faltando y perdiendo el control de su grupo cada día más.

La historia es larga, lo dejamos pendiente…

Cotidiano, enseñanza/aprendizaje

Escalafón sindical

Hace más de seis años que ingresé al mundo del magisterio del estado de Veracruz. Después de haber presentado un examen de oposición sabía que era seguro un lugar para mi. En estos tiempos tener una plaza “aunque sea de maestro” es difícil y costoso.
Mi orden de presentación, ese oficio en dónde se especifica la escuela, el lugar de su ubicación y a quien se reemplaza, me decía que trabajaría en “La Rosa”, en la penúltima escuela, en cuestión de lejanía, de la zona 023. Estaba feliz porque al fin tendría un trabajo.
Ignoro el kilometraje exacto entre mi lugar de residencia y mi primer centro de trabajo, pero me hacia una hora y media aproximadamente. Eso era cuando vivía en Maltrata, ahora que resido en Orizaba, el tiempo oscila entre dos y dos horas y media, considerando que debía tomar 3 autobuses con un gasto al día de 100 pesos.
Nada importaba, yo comprendía que con el tiempo me iría acercando a mi lugar de residencia, y para lograrlo me afilie al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) pues me dijeron que a través de su escalafón podría “bajar” más rápido a otra escuela menos lejana. Nadie me dijo lo siguiente:
– Hay que inscribirse al escalafón, se presentan documentos de preparación (títulos, constancias de estudio, diplomas con valor escalafonario, entre otros) todos con el fin de sumar un puntaje.
– La antigüedad de servicio es lo que más puntaje otorga a los maestros, ya que es a través del tiempo como se adquiere más derecho a laborar en una escuela en la ciudad o con paga del 100%.
– Los hijos de maestros pertenecientes a la delegación, tienen el “derecho” a que se les ubique en la zona de la Cuesta ( localidad muy cercana a Cd. Mendoza) y el municipio de Maltrata (ubicado a 30 minutos de cd. Mendoza), lo que significa que las localidades más lejanas y los maestros que trabajamos en esos lugares no somos considerados para participar en los cambios de escalafón en estos casos.
– Hay compañeros que se jubilan y logran hacer acuerdos con el sindicato para que sus hijos o a quien le hereden la plaza (a pesar de lo que diga la Reforma Educativa) se queden en el lugar que dejan al retirarse.
– Si los compañeros no logran ese acuerdo, en cuanto el sindicato les tramita la herencia de su plaza, se cambian a otro sindicato para que igual logren que sus pequeños se queden en ese lugar.

Como puede leerse, lo que describo en los puntos anteriores impiden a maestros que se encuentran en mi condición, lograr un cambio a un lugar más cercano. A pesar de tener tiempo en este sindicato, mis derechos son nulos si se presenta una situación en dónde mis compañeros maestros quieren heredar a sus hijos “su plaza” y “su lugar”.